Domingo 30 de noviembre

Cómo vivir bien

[Enoc] anduvo fielmente con Dios… (v. 24 nvi).


La escritura de hoy: Génesis 5:21-24 Karen Huang  escribe:

Pedro empezó a seguir a Jesús a los 50 años. Había sido un hombre airado y vengativo que lastimaba a quienes lo rodeaban. Tras ser discipulado en su iglesia, sintió remordimiento por su pasado. «Ahora tengo menos años por delante que los que tengo detrás —dijo—. Quiero vivirlos bien. Pero ¿cómo?».

Pedro encontró su respuesta en una fuente impensada: una genealogía. Al leer el relato de Moisés sobre el linaje de Adán, notó que una frase se repetía para describir a sus descendientes: «Y fueron todos los días de […]; y murió» (ver Génesis 5:8, 11, 14, 17, 20, 27, 31). Pero a un hombre se lo describía distinto.

De Enoc, decía que «anduvo fielmente con Dios» (vv. 22, 24). Se acercó a Dios, y así pasó su vida en la tierra. Por su fe, «tuvo testimonio de haber agradado a Dios» (Hebreos 11:5). Confió firme y permanentemente en quién era Dios y lo que haría por los que lo buscaran (v. 6). Demostró su confianza en el Todopoderoso al obedecerlo y actuar conforme a ello. Y tal fue su fe que Dios no dejó que experimentara la muerte física (v. 5).

La respuesta a la pregunta de Pedro sobre cómo vivir bien su vida fue: «Andando fielmente con Dios».

Nuestra vida terrenal no tiene que resumirse en un número, sino en nuestra fe, lo cual permite que Dios obre de formas que no podemos enumerar.

Reflexiona y ora

¿Cómo se manifiesta en tu vida andar fielmente con Dios? ¿Cómo puedes demostrar tu confianza en Él?

Padre, ayúdame a andar fielmente contigo.

Lunes 1 de diciembre

No lo hagas solo

Amaos los unos a los otros con amor fraternal… (v. 10).


La escritura de hoy: Romanos 12:3-15 Monica La Rose  escribe:

Mientras abría las instrucciones para ensamblar la estantería, con montones de tablas y herramientas esparcidas por el suelo, vi unos diagramas explicativos sobre qué hacer y qué no hacer. Uno, marcado con una gran «X» en la parte superior, mostraba a una persona mirando desconcertada una pila de tablas y herramientas, parecida a mí unos minutos antes. A la derecha, aparecía la forma «correcta» de ensamblarla. ¿La única diferencia? Había una segunda persona. Ahora ambas figuras sonreían mientras trabajaban juntas.

Entonces, llamé a mi esposo. Le mostré el dibujo y dije: «Las instrucciones dicen que necesito tu ayuda». Se rio, y la ensamblamos juntos. Podría haberme empeñado en encontrar cómo hacerlo por mi cuenta, pero el manual tenía razón: el proceso no estaba pensado para hacerlo uno solo.

En Romanos 12, Pablo insta a los creyentes nuevos a no tratar de vivir la vida cristiana a solas. En lugar de considerarse autosuficientes y tener «más alto concepto de sí que el que [deben] tener», necesitan ver que son parte de un cuerpo interdependiente, donde cada miembro necesita la ayuda de los otros (vv. 4-8).

Al aprender a «[amarnos] los unos a los otros» (v. 10), viviremos en armonía, no llevando nunca solos ni las alegrías ni las tristezas (vv. 13, 15).

Reflexiona y ora

¿Por qué crees que somos tentados a hacer las cosas solos en la vida? ¿Qué te ayuda a depender de los demás?

Dios, guíame por tu Espíritu para saber cómo vivir en unidad.

Martes 2 de diciembre

Grafiti positivo

La lengua apacible es árbol de vida… (v. 4).


La escritura de hoy: Proverbios 15:1-4, 23-28 Tim Gustafson  escribe:

Cuando era joven, el periodista Sebastian Junger viajó por Estados Unidos y escribió sobre sus experiencias. Un día, en la década de 1980, entró en un baño en los Cayos de Florida y encontró en las paredes unos grafitis llenos de odio. La mayoría eran contra los inmigrantes cubanos. Pero un mensaje, aparentemente escrito por un cubano, se destacaba y decía: «Gracias a Dios, el resto de las personas en este país son cálidas y afectuosas, y me dieron la bienvenida en el 62». Junger señaló: «En esas paredes estaban las peores cosas de Estados Unidos, y también las mejores».

¿Cómo debemos responder a los mensajes venenosos que solemos encontrar? En Proverbios, Salomón ofrece un consejo sabio en el capítulo 15: «la boca de los necios hablará sandeces» (v. 2), y «la boca de los impíos derrama malas cosas» (v. 28). Sin embargo, el capítulo empieza con el antídoto a tal veneno: «La blanda respuesta quita la ira» (v. 1). Y señala: «La lengua apacible es árbol de vida» (v. 4). La respuesta paciente es la clave: «El corazón del justo piensa para responder» (v. 28).

¿Cómo podría Dios ayudarnos a pesar nuestras palabras antes de que nuestras bocas, bolígrafos o teclados vomiten veneno a otras personas? Como dice el proverbio: «la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!» (v. 23).

Reflexiona y ora

¿Cómo reaccionas cuando ves y oyes hablar de manera desagradable? ¿Qué reacción diferente podrías tener la próxima vez que enfrentes muestras de odio?

Padre, ayúdame a pesar sabiamente mis respuestas.

Miércoles 3 de diciembre

Crecer mediante la aflicción

Bueno me es haber sido afligido para que aprenda tus leyes (v. 71 rva- 2015).


La escritura de hoy: Salmo 119:65-72 Marvin Williams  escribe:

El cerebro es notablemente pequeño, pero el estrés puede reducirlo aún más. Investigaciones recientes revelaron que el estrés acumulativo puede reducir la parte del cerebro responsable de gestionar las emociones, los impulsos y las interacciones sociales. Esta reducción está relacionada con la ansiedad y la depresión, lo que destaca el impacto del estrés prolongado en la vida. Pero hay buenas noticias: la plasticidad del cerebro le permite recuperarse a través de prácticas intencionales como el ejercicio, la meditación y las relaciones significativas.

En el Salmo 119, el salmista entendía esta idea del crecimiento y la sanidad posteriores al estrés y las dificultades: «Bueno me es haber sido afligido para que aprenda tus leyes» (v. 71 RVA-2015). Aunque dolorosa, la aflicción se volvió la maestra del salmista. Nos lleva de estar lejos de Dios a decidir obedecer su palabra (v. 67). Aunque entendía que la aflicción y el sufrimiento podían deprimirlo, confiaba en que Dios usaría esas experiencias para purificarlo y restaurarlo (v. 66).

A través de las Escrituras, la oración y la perspectiva del Espíritu, podemos revertir los efectos de nuestras dificultades. Dios puede usar nuestras aflicciones para que crezcamos espiritualmente, transformando la aflicción en propósito.

Reflexiona y ora

¿Cómo te ha ayudado Dios a crecer en la fe mediante el sufrimiento? ¿Cómo te has vuelto agradecido?

Dios, gracias por enseñarme mediante mis pruebas.

Jueves 4 de diciembre

Creer más de lo que vemos

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (v. 1).


La escritura de hoy: Hebreos 11:1-4 Winn Collier  escribe:

A finales del siglo xix, pocas personas tenían acceso a los grandes bosques de secuoyas en Estados Unidos, y muchos no creían en los informes sobre estos árboles gigantescos. Pero en 1892, cuatro leñadores entraron en el bosque de Big Stump y pasaron trece días talando el grandioso árbol llamado Mark Twain, que tenía 1.341 años, y medía 90 metros de altura y 15 metros de circunferencia. Un observador lo describió como un árbol «de proporciones magníficas; uno de los más perfectos del bosque». Una parte de esta impresionante belleza, ahora destruida, se envió al Museo Americano de Historia Natural, para que todos pudieran ver una secuoya.

Pero la realidad es que no podemos comprobar la verdad solo con nuestros ojos. Hebreos describe la fe como «la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (11:1). La fe no es ni irracional ni un capricho, porque toda la historia se fundamenta en una persona: Jesús. No se limita a los sentidos y el razonamiento humanos, sino que requiere más: «Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía» (v. 3).

Suele ser difícil confiar en lo que no podemos tocar, ver o entender. Pero nuestra fe en Cristo, por el Espíritu, nos ayuda a creer más de lo que vemos.

Reflexiona y ora

¿En qué áreas luchas con la fe? ¿Cómo puedes confiar más en Dios?

Dios, ayúdame a confiar en ti.

Viernes 5 de diciembre

Caminar con Dios

El que anda con sabios, sabio será; mas el que se junta con necios será quebrantado (Proverbios 13:20).


La escritura de hoy: Gálatas 5:7-10 Dave Branon  escribe:

Era martes en el gimnasio, así que las personas que caminaban por la pista debían hacerlo en el sentido horario. Los primeros caminantes con los que se unió mi esposa iban en esa dirección, pero luego, otra persona entró caminando en sentido opuesto. Un par de sus amigos se le unieron, y después otra persona. De repente, la pista se volvió un caos, y tomó unos minutos reordenarse.

Aunque los que iban en la dirección equivocada no buscaban causar problemas, no pude evitar pensar en el poder de la influencia. Una persona que va por el camino equivocado conduce a otra, y así sucesivamente. Se parece un poco a Proverbios 13:20: «El que anda con sabios, sabio será; mas el que se junta con necios será quebrantado». Seguir a una persona por mal camino lleva a problemas.

En Gálatas 5, Pablo explica cómo un error así detiene nuestro progreso espiritual: «¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de aquel que os llama» (vv. 7-8). Dios, que desea la obediencia, nunca nos aleja de la verdad para perturbarnos (v. 10 NVI). Pero los que se oponen a su verdad pueden obstaculizar nuestro andar espiritual al conducirnos lejos de Él.

Dios quiere ser nuestro guía. Cuando caminamos con Él, nunca nos desviaremos.

Reflexiona y ora

¿En qué situaciones estás permitiendo que alguien te aleje de Dios? ¿Qué puedes hacer para cambiar tu curso?

Dios, gracias por tu Palabra que guía nuestros pasos hacia ti.

Sábado 6 de diciembre

Dios me ve

… Tú eres el Dios que me ve… (v. 13 ntv).


La escritura de hoy: Génesis 16:5-13 Poh Fang Chia  escribe:

Cuando el esposo de Sun sufrió un derrame cerebral, su vida dio un giro dramático. Se encontró teniendo que ayudar a su esposo con las actividades diarias y enfrentando sus crisis emocionales. Durante diecisiete años, lo cuidó fielmente. Pero cuando una caída aceleró su deterioro, la carga del cuidado la superó y cayó en una profunda depresión. «Sentía que había perdido mi fe —compartió—, y no podía ver a Dios».

Pero al mirar atrás, Sun ahora está convencida de que Dios la veía, porque Él le proporcionó atención médica y de enfermería subsidiada para cuidar a su esposo, además de trabajadores sociales que la apoyaron emocionalmente.

En la historia de Agar, Dios se reveló como el Dios que ve. En Génesis 16, la esclava Agar estaba huyendo del maltrato de su señora (v. 6), cuando «el ángel del Señor» la encontró «junto a un manantial en el desierto» (v. 7 RVC) y le dijo que volviera (v. 9), asegurándole que la bendeciría. Aunque Agar no era nadie en su cultura, Dios se ocupó de su bienestar. Agradecida, Agar declaró: «Tú eres el Dios que me ve» (v. 13 NTV).

Dios también nos ve en nuestra desesperación. Nunca estamos solos porque nuestro Padre amoroso es confiable. Podemos clamar a Él por ayuda, y nos levantará.

Reflexiona y ora

¿Cómo experimentaste en el pasado que Dios viera y conociera tu necesidad? ¿Cómo puede ayudarte eso en tus pruebas actuales?

Padre, gracias por asegurarme que ves lo que estoy atravesando.

Domingo 7 de diciembre

Ora lo que tienes en el corazón

Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos… (v. 17).


La escritura de hoy: Daniel 9:4-6, 15-19 John Blase  escribe:

Brenda y Eduardo se subieron al coche y comenzaron su ritual de los jueves por la noche.

—¿Dónde te gustaría comer?

—Ay, Edu, cualquier lugar está bien.

—Bueno, ¿qué te parece El Molino?

Brenda se sobresalta: —¡No, en cualquier lugar, menos ahí!

Edu suspira: —Entonces, ¿dónde?

Brenda insiste: —De verdad, cualquier lugar está bien.

Es el material perfecto para una comedia: aunque frustrante, divertido.

A veces, puede ser así en nuestra vida de oración. Somos demasiado ambiguos. En cambio, la oración en Daniel 9 muestra a Daniel diciendo valientemente lo que desea. Primero, confiesa el pecado de su pueblo: «hemos cometido iniquidad» (v. 5), y luego hace su petición: «Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos […]. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo» (vv. 17, 19). Aunque Dios no le debía nada, en sus «muchas misericordias» (v. 18), le concedió todo su deseo.

Hay veces en que decir lo que deseamos es la manera de orar. Aunque es correcto pedir que se haga la voluntad de Dios, como hizo Jesús (Mateo 26:39), el Señor honra nuestra osadía cuando acudimos a Él con corazones arrepentidos. Por eso, sé valiente y ora diciendo lo que tienes en el corazón.

Reflexiona y ora

¿Cómo se comparan tus oraciones con Daniel 9:4-19? ¿Qué podrías confesar antes de hacer tus peticiones a Dios?

Ahora pues, Dios mío, oye las oraciones de tu siervo.